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Manu Heras: “El turismo es una oportunidad para muchas personas”

En medio de los viñedos de la bodega La Vinyeta, Manu y un compañero, ambos en silla de ruedas, comparten una comida con embutidos, queso y vino. Imagen de Diego Espada.

Cuando Manu tenía 18 años, quería conocer el oso pardo y el lobo de la Columbia Británica y el canguro y el koala australianos. Se imaginaba corriendo detrás de ellos con su mochila colgada en la espalda. Pero un accidente interrumpió sus anhelos de viajar. Momentáneamente.

La silla de ruedas no lo ha detenido, porque, según cuenta, “a lo largo de los años fui encontrando la fuerza y la resiliencia necesarias para encontrar la manera de hacer las cosas por mí mismo y, al final, lo he logrado de otra manera”. A Manu le gusta contar su historia para “alentar a la gente a perseguir sus sueños, no siempre tienen que ir en línea recta”. El camino no siempre es como nos lo imaginábamos.

Fortalezas del sector turístico de Girona

En 2007 decidió estudiar Turismo “para cambiar el turismo desde dentro y para que se perciba como lo que es: una oportunidad para muchas personas”. Este verano ha hecho prácticas en el área de Turismo del Consell Comarcal del Baix Empordà y ha podido conocer y colaborar en el Plan de Accesibilidad Turística del Baix Empordà. “Se está haciendo un buen trabajo, pero no se puede quedar solo en el Baix Empordà. Hay que exportarlo a los demás territorios. No nos podemos relajar”.

El sector turístico de Girona tiene grandes fortalezas por explotar. Para Manu, la mayor fortaleza son las actividades, es decir, el turismo activo, una de las cuestiones más difíciles de lograr. “Mi motivación para viajar es conocer el destino, hacer práctica deportiva, alguna actividad que conlleve un esfuerzo”. Destaca el centro de deporte adaptado de La Molina, con su escuela de esquí y las actividades de verano, como el descenso en handbike; la Escuela de Vela del Club Náutic L’Escala; las actividades en kayak en Llançà con SKKayak; los vuelos en globo en la Garrotxa de la mano de Vol de Coloms, o los itinerarios adaptados de las Vías Verdes de Girona.

En un día soleado, Manu gobierna una embarcación de vela del Club Nàutic L’Escala. Imagen de Diego Espada.
En un día soleado, Manu gobierna una embarcación de vela del Club Nàutic L’Escala. Imagen de Diego Espada.

“Está claro que la discapacidad tiene una connotación negativa. En mi caso, también, pero para mí ahora es una oportunidad para hacer las cosas que me gustan. Y es algo que es parte de mí, pero no me gusta que la gente se quede con lo que no puedes hacer. No nos compadecemos, queremos que nuestra normalidad tenga cabida en la sociedad. A veces, es necesario que la gente vea que hacemos cosas, y no hacemos más porque es complicado”.

Manu compara la Costa Brava y el Pirineo de Girona con otras destinaciones en auge, como Albania o Turquía. “No podemos competir con el precio, pero nos podemos poner por delante ofreciendo accesibilidad y sostenibilidad y demostrando que nuestro turismo tiene en cuenta el medio ambiente y no es de usar y tirar”, una estrategia que contribuye, también, a la consecución de los ODS de la Agenda 2030 de Naciones Unidas.

“Debemos aprovechar más los recursos que tenemos”

Considera que hay que trabajar más en el transporte, una cuestión imprescindible para lograr la cadena de valor turística. Y, aunque la restauración y los alojamientos se están poniendo las pilas, aún hay trabajo que hacer en este sentido.

También hay que mejorar la accesibilidad de las páginas web en dos sentidos. Por un lado, teniendo en cuenta a las personas con alguna dificultad de comprensión añadida o a las personas con alguna discapacidad sensorial. Por otro, haciendo visible de una manera rápida y fácil la información sobre accesibilidad del servicio o establecimiento. “Hoy en día estamos saturados de información, hay que ser capaz de encontrar rápidamente la información sobre accesibilidad, con un pictograma internacional en la portada, por ejemplo”.

En las instalaciones de Windoor Empuriabrava, Manu y un compañero escuchan las indicaciones de dos instructores. Imagen de Diego Espada.
En las instalaciones de Windoor Empuriabrava, Manu y un compañero escuchan las indicaciones de dos instructores. Imagen de Diego Espada.

“A veces no se da la información, porque no es completamente accesible o no se ajusta a la normativa y no nos queremos arriesgar. Pero podemos decir que es practicable. Se puede decir que hay un peldaño de ocho centímetros”. Y que cada uno decida. “Si su condición se lo permite, no hay que renunciar a ello”.

Normalidad contra los prejuicios

Manu se reconoce “como un espejo” para gente que quiere viajar en una situación como la suya. Le gusta implicarse, pero pide reciprocidad, es decir, todos tenemos que poner de nuestra parte. “Cuando un agente turístico apuesta por expandir su negocio y hacerlo más accesible, pongamos nuestro granito de arena y participemos de esa actividad turística. Si no, dejará de existir”. Hay un coste, y si no hay un turismo detrás, es difícil que tenga continuidad.

Hay muchos prejuicios respecto a la discapacidad. “Cuando sufrí el accidente, se creó un muro imaginario entre el resto de la sociedad y yo. Es obligación mía y del resto de la sociedad derribarlo. Si no pongo de mi parte, si no me acerco a la gente, no puedo esperar que la gente se acerque a mí. A veces, la gente me pregunta: ‘¿Cómo te llamo? ¿Persona en silla de ruedas, con discapacidad, con diversidad funcional…?’ Y yo les digo: ‘¿Por qué no me llamas por mi nombre y acabamos antes?’ Normalidad, ya está”.