Sylvana Mestre, una vida dedicada al deporte adaptado

Retrato de Sylvana Mestre sonriente. Imagen de Play & Train.

Sylvana Mestre lleva el deporte en el ADN. Tras su experiencia como corredora de esquí en el equipo nacional, la vida la llevó a descubrir el deporte paralímpico. Comenzó como guía y entrenadora de esquí para atletas con ceguera y ocupó la presidencia de la Federación Paralímpica de Esquí. Después de llegar a la cima, quiso volver a la base para continuar trabajando en aquello que la apasiona: el deporte adaptado. Junto a Mariona Masdemont, fundó Play & Train, una empresa social sin ánimo de lucro con diversos programas deportivos para personas con discapacidad y sus familias. Con un lema claro y cargado de intención, Challenge the limits (Desafía los límites), esta asociación pionera que gestiona el Centro de Deporte Adaptado de La Molina, en la Cerdanya, ha convertido el deporte en una herramienta para la inclusión y la normalización social.

El Comité Paralímpico Internacional (CPI) galardonó a Sylvana Mestre con la Orden Paralímpica por toda una vida dedicada a la defensa del deporte adaptado. Entre muchos otros méritos, la avalan los resultados de los atletas a los que ha preparado: 15 medallas en los Juegos Paralímpicos y 30 en los Campeonatos Mundiales.

Aprovechando que este 2020 se celebra en Cataluña el Año del Turismo Deportivo, que, entre otros objetivos, pone en relieve valores del deporte como la igualdad, la inclusión y la accesibilidad, hablamos con Sylvana Mestre, que nos recibe telemáticamente con una puntualidad británica y una sonrisa atenta y dispuesta. Desde Somos Todos, del Patronato de Turismo Costa Brava Girona, conversamos con esta amante de los deportes de nieve y de montaña que desprende una personalidad inspiradora.

¿Cuándo comienzas a interesarte por el deporte?

Mi padre era una persona muy deportista y, de alguna manera, nos introdujo en ese mundo.
En todos los deportes, pero, sobre todo, en los de nieve y al esquí. Está en el ADN de la familia.

¿Y qué es lo que más valoras del deporte?

El deporte te da una forma de vida, te hace ver la vida de otra manera. Sentir frustración, tener que luchar… Todo eso forma parte de tu día a día cuando practicas deporte y te forma como persona.  Y, por otro lado, el deporte une mucho. Cuando haces deporte, haces deporte. No hay diferencias ni de color, ni de género, ni de religión, ni de nada.

“La sociedad no entiende la discapacidad”

Fuiste corredora de esquí, formaste parte del equipo nacional, trabajaste en una empresa de material deportivo… y, de repente, llega el deporte adaptado a tu vida.

Mi marido murió tras sufrir una larga enfermedad y yo estaba tan jodida que quería dejar el deporte. Y un periodista, Toti Rosselló, pensó que me había vuelto loca. Estábamos en los Alpes y me insistió para que viese una cosa. Cuando subí a las pistas, aluciné. Era el equipo paralímpico de ciegos. Cuando vi aquella libertad,  cómo bajaban esquiando… Cuando vi aquello,  fui consciente de lo que te da el deporte. Si no lo recuerdo mal, eso fue en septiembre u octubre. En noviembre me llamaron y me propusieron ser la guía de un chico ciego. Y así empecé.

¿Qué aprendiste de aquella primera experiencia?

Te das cuenta de que no entendemos la discapacidad. La sociedad no entiende la discapacidad, por eso la arrinconamos, incluso hoy en día, a no ser que tengas a alguien cercano que haya adquirido una discapacidad o que haya nacido con ella; entonces, prestas más atención. Recuerdo un día que íbamos hacia la pista de esquí en autobús y el chico me dijo: “Vaya, ¡qué cielo más azul!”. Lo miro y le pregunto: “Pero, Dani, ¿cómo ves el color azul si eres ciego de nacimiento?”. Y me contesta: “Sylvana, yo noto que el cielo es azul”. Estábamos en Eslovaquia, donde cada día estaba nublado, pero aquel día era radiante.  Algo se nos escapa.

En un paisaje alpino nevado, durante los Juegos Paralímpicos de Vancouver 2014, Sylvana Mestre comparte la antorcha olímpica con un atleta holandés que está sentado en una silla de esquí. Imagen de Sylvana Mestre.
En un paisaje alpino nevado, durante los Juegos Paralímpicos de Vancouver 2014, Sylvana Mestre comparte la antorcha olímpica con un atleta holandés que está sentado en una silla de esquí. Imagen de Sylvana Mestre.

Después de trabajar como guía, Sylvana Mestre entrenó al equipo paralímpico español, formó parte del Comité Paralímpico Internacional (CPI) y en 2006 ocupó la presidencia de la Federación. Cuenta que un día, en Alemania, en la sede del CPI, se planteó que se estaba haciendo mayor y empezó a pensar en retirarse. No obstante, tenía claro que quería continuar trabajando en el ámbito del deporte adaptado. Tras una velada con Mariona Masdemont, a la que ya conocía de La Molina, en el Pirineo de Girona, nació Play & Train.

¿Cuál era vuestro objetivo?

Yo vengo del mundo del deporte y creo en la integración. Creo que un niño tetrapléjico que va en silla de ruedas puede enseñar mucho a un niño con parálisis cerebral, y viceversa. Pero eso no existía. Y queríamos montar una organización que diese a la gente con discapacidad la oportunidad de practicar deporte en familia. En los hoteles, o donde sea, hay animadores que hacen actividades deportivas, juegos de playa… Pero si vas con alguien con discapacidad, no hay ningún espacio para ellos, porque no han pensado en eso. Sí que se cumplen unas normas de accesibilidad, porque se deben cumplir por ley, pero nada más. Y aquí es donde queremos hacer hincapié, porque la gente con discapacidad y sus familias normalmente se quedan aisladas. Eso está cambiando.

¿Sí? ¿Está cambiando?

Aún queda mucho, pero, por ejemplo, en Alemania, ves a gente en handbikes por la ciudad de forma habitual. En los Países Bajos también pasa. Y aquí empezamos a verlo.

La sensibilización desde la base es esencial

Además de promover la práctica deportiva, Play & Train hace formación escolar, asesora a organismos y empresas en el diseño de servicios accesibles y tiene un programa de voluntariado corporativo, entre otros muchos proyectos. El objetivo está claro: reivindicar la creación de experiencias, espacios, productos y servicios inclusivos y adaptados para que todos los niños y niñas y sus familias puedan disfrutar por igual.

Vosotros habéis hecho un gran trabajado en este sentido en la Cerdanya.

Nos ha pasado en La Molina y en Fuerteventura, en Canarias, donde hacemos las actividades de surf. Hemos ido a las escuelas de la comarca y organizamos un día paralímpico en las escuelas. Cada vez hay más niños con discapacidad que van a la escuela regular. Ese día se sienten importantes porque dan una lección a los compañeros, que practican deporte adaptado y se dan cuenta de las dificultades. ¿Y qué ha pasado? Que los alcaldes nos han incluido en los presupuestos porque han visto que cuando un niño va en coche con la madre y esta aparca, el niño le dice: “Aquí no, mamá, que es una plaza para gente con discapacidad”.

Habéis trabajado desde la base, desde la educación.

Y eso es lo que debemos hacer, hay que trabajar desde la base, porque estos niños son los políticos del mañana.

“Cuando hablamos de accesibilidad, no son necesarias las habitaciones con hierros y cosas extrañas”

La palabra “accesibilidad” no te acaba de gustar.

No, porque yo también la necesito. Cuando me he roto una pierna, he necesitado un espacio accesible. Es algo que debería ser totalmente normal. Si voy a un estadio de fútbol o de atletismo o de lo que sea, ¿por qué no puede haber sitios accesibles en sitios normales, donde haya dos asientos y un espacio para una silla de ruedas? No allí arriba, en aquella esquina…Esa es mi lucha: la accesibilidad puede ser amiga y totalmente natural. ¿Por qué en una habitación de hotel, de la habitación al baño tiene que haber un pequeño escalón? ¿Qué necesidad hay? Nos falta entender que, cuando hablamos de accesibilidad, no son necesarias las habitaciones con hierros y cosas extrañas.

Abogas por una accesibilidad amiga, natural y global.

Claro, tú puedes hacer un hotel accesible, pero, cuando sales, ¿qué? En Whistler se celebraron unos juegos paralímpicos de invierno. La gente con discapacidad no podía entrar en los bares porque estaban arriba y había escaleras para acceder a ellos.

En la estación de esquí de La Molina, en un entorno alpino nevado, un esquiador de Play & Train empuja a un usuario que va sentado en una silla de esquí. Imagen de Play and Train.
En la estación de esquí de La Molina, en un entorno alpino nevado, un esquiador de Play & Train empuja a un usuario que va sentado en una silla de esquí. Imagen de Play and Train.

Vosotros os adaptáis a las diferentes condiciones de cada usuario.

Yo quiero que ese niño disfrute del esquí. Y para que esquíe, necesito que aprenda a hacer una serie de movimientos. Lo primero que hacemos es valorar la discapacidad, qué le provoca y qué capacidades tiene. Porque yo no hablo nunca de discapacitados, yo hablo de capacidades. Por tanto, cómo le puedo ayudar para que haga ese movimiento de la forma más correcta posible. El cuerpo es muy sabio; cuando falla por un lado, puedes encontrar la fórmula para llevarlo hacia otro lado.

Reinventarse después de la Covid-19

Durante los dos meses que llevamos de confinamiento, Play & Train ha mantenido activos a sus usuarios de las redes sociales. Primero, a través de los #ConfinaChallenge, retos digitales que se pueden encontrar en el Facebook y en el Instagram de la asociación. Sombras chinas, ejercicios de calentamiento, disfraces en casa… Actividades pensadas para pasar un rato divertido. De aquí han salido sesiones más formales que han permitido trabajar entrenamientos, entrevistar a familias e incluso a atletas paralímpicos, como el surfista Marcos Tapia.

Esta crisis nos ha obligado a abrir las ventanas digitales y a llenarlas de actividad.

¡Yo las primeras semanas estaba agotada! Todo el mundo me llamaba y me pregunta qué hacía, y yo les decía: “Yo, nada, sentada en el sofá viendo una serie, ¡agotada de veros a todos haciendo tantas cosas!”. ¡No hay tiempo para hacer tanto! Una locura. Después de esto, no quiero decir que el mundo ha cambiado, pero creo que habrá cosas que cambiarán. Y, dentro del mundo de la discapacidad, también.

¿Como qué?

Todas las organizaciones son buenas y todas hacen su trabajo, pero hay muchas que están cerradas. Nosotros tenemos niños muy diversos que han nacido con una discapacidad y no tienen acceso a los clubes deportivos regulares. No los aceptan porque no saben cómo hacerlo. Nosotros nos ocupamos de ellos. Les enseñamos a esquiar, a hacer surf, a montar en bicicleta… Y, después, enseñamos al club regular a trabajar con estos niños, hasta que puedan formar parte del club. Y las familias están muy agradecidas porque todo se hace de una forma muy natural. Además, los clubes deportivos de esquí, por ejemplo, se han dado cuenta de los beneficios que les aporta trabajar con un niño con discapacidad. Cuando ven cómo se esfuerza, los compañeros no tienen narices de tumbarse en la nieve y decir: “¡Ay, qué cansado estoy!”.  Todo el mundo se beneficia. Y cuando consigues que el entorno se dé cuenta de que son clientes como cualquier otro, ya está, ya has plantado la semilla.

En una pista de la estación de esquí de La Molina, un guía de Play & Train le da indicaciones a un esquiador ciego. Imagen de Óscar Vall.
En una pista de la estación de esquí de La Molina, un guía de Play & Train le da indicaciones a un esquiador ciego. Imagen de Óscar Vall.

¿Cómo se puede incluir el turismo inclusivo en la experiencia turística? ¿Qué les decimos a los agentes?

Lo mismo que les dije en La Molina en su momento. Hay que enseñarles una hoja de cálculo y decirles: “Aquí hay un segmento de mercado que es muy importante para vosotros. Sois tontos si lo dejáis pasar”. Porque la persona con discapacidad, cuando va a un sitio en el que se siente cómodo, cuando el entorno no le supone problemas, es el cliente más fiel que te puedas imaginar.  Y es el cliente que más gasta, porque gasta.

Desde Play & Train, ¿cómo afrontáis la incertidumbre de la “nueva normalidad” que está por llegar?

Estamos preocupados, no es una situación fácil, pero desde hace un tiempo estamos intentando lanzar una plataforma educativa en diversos sentidos. Educación para el turismo: dar herramientas para que los diferentes agentes consideren a la persona con discapacidad como un cliente más en su entorno y que puedan ofrecer paquetes adaptados de forma natural, como al resto de clientes. También queremos organizar unos cursos para jóvenes con discapacidad. Se trata de un brainstorming en el que estoy inmersa ahora. Nos gustaría darles una formación online para que puedan ser beneficiosos para el turismo. Por ejemplo, que puedan trabajar en una oficina de turismo. ¿Quién mejor que ellos para saber qué necesita o cómo atender a un cliente con discapacidad? Lo hemos hecho con el esquí; teníamos profesores con discapacidad con la titulación de técnicos deportivos que daban clases. La gente con discapacidad puede ser muy incisiva, y te puede decir: “A ver si vas a venir a decirme cómo me siento yo, que no tienes ni idea”. Si la otra persona también tiene una discapacidad, no hay discusión posible.